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Colaboratorio El dolor de la naturaleza
Este colaboratorio surge de las reflexiones del Programa de Estudios Críticos sobre las Transiciones Políticas, una iniciativa académica y de las organizaciones sociales para poner en tensión los mecanismos e infraestructuras de la transición en Colombia. Constituye una alianza entre MASS: Encuentro internacional de Artes y Culturas Digitales y la línea “Artes,” Colaboración” y la Escucha de la Naturaleza” en el marco del IV Encuentro del PECT.




En el escenario complejo de la transición política en Colombia, la “naturaleza” y el “territorio” (incluyendo sus modulaciones discursivas y conceptuales) han surgido como “objetos” de preocupación para entender la violencia, alimentándose de una discusión interdisciplinaria reciente que nos habla (problematizando el “dualismo ontológico” o la dicotomía cultura-naturaleza) de la interdependencia de aquello que, es más-que-humano. Por ejemplo, el reciente Informe de la Comisión de la Verdad (2022) explora tímidamente la relación entre “naturaleza” y “violencia” a través de un gesto ambivalente: por un lado, el de reconocer el territorio y/o la naturaleza como “víctima”, es decir, como un “sujeto de derecho” alrededor del cual se puede pensar en una justicia transicional “verde”, la más reciente variación sobre el tema restaurativo. Por otro, “como sujeto de dolor”, cuyo planteamiento nos permite aventurar una lectura sistémica de las “violencias de larga temporalidad” en las que el “territorio” y las “capas históricamente situadas de devastación”, las formas de “estatalidad”, la “apropiación” de “cuerpos” y “espacios” nos invita a relatar la “violencia” de otra manera, más allá del arco narrativo de la confrontación político-ideológica en función de la competencia por el Estado.
El segundo es un gesto heterodoxo sin duda que se sitúa en el ámbito del volumen testimonial del Informe Final y que nos plantea una gran cantidad de preguntas que se salen de los modos comunes de entender las violencias en Colombia: ¿podemos hablar del testimonio de la “naturaleza” o del “territorio”? ¿Qué es escuchar? ¿Qué o quién escucha? ¿Qué es una “herida” y cómo podemos reconocerla en tanto tal? ¿Cuáles son las relaciones entre territorio, “naturaleza”, violencia, y cuáles son sus “verdades”? ¿Qué lenguajes, técnicos, estéticos o políticos, qué modos de entender tenemos a la mano para hacer inteligible esta herida? ¿Cómo la estudiamos y cómo suturamos la herida? Por otro lado, el gesto jurídico se sitúa más en el ámbito causal, de los “impactos” de la guerra (e incluso de la “paz”) y los “afrontamientos”, de una visión antropocéntrica de la violencia y de los derechos de los humanos. Y aunque es un avance importante para pensar las relaciones entre “naturaleza” y violencia, es también de alguna forma una domesticación de una “naturaleza” a la que no se le da cualificaciones de sujeto y agenciamiento.
Objetivo del colaboratorio
Crear una obra de naturaleza sonora y visual que actúe como dispositivo – interfaz de comunicación del testimonio de los territorios acuáticos (ríos aéreos (páramos); ojos de agua (floraciones de ríos) y las heridas y sufrimientos lentos causados por las violencias en Colombia.
Se trata de una obra colaborativa entre 3 artistas, 3 líderes de los pueblos ancestrales y académicos del Programa de Estudios Críticos sobre las Transiciones Políticas, teniendo como punto de partida el Legado de la Comisión de la Verdad en su Volumen testimonial y utilizando lenguajes y metodologías interdisciplinarias con epistemologías ancestrales de pueblos del suroccidente colombiano. Todo ello tiene como fin, la comprensión crítica del dolor de la naturaleza y lleva consigo, una propuesta de sanación simbólica a través de la lectura ritual.
Con el fin de acercarse a una comprensión crítica del dolor de la naturaleza y a una propuesta de sanación simbólica a través de la lectura ritual, tres artistas de los pueblos ancestrales y académicos del Programa de Estudios Críticos sobre las Transiciones Políticas de la Universidad del Valle, crearon la obra colaborativa “El Dolor de la Naturaleza”, presentada el XXX, dentro de la agenda de la COP 16 realizada en Cali en 2024.
Se trató de un espacio artístico que combinó magistralmente sonidos, imágenes y testimonios para reflexionar sobre la intersección entre el dolor humano y el sufrimiento de la naturaleza y que hace parte de un enfoque más amplio sobre la bioculturalidad y los territorios bioculturales, en el que participaron alrededor de XX personas.
Para construir colectivamente la obra, los creadores se fundamentaron en el volumen testimonial de la Comisión de la Verdad y acudieron al uso de lenguajes y metodologías interdisciplinarias con epistemologías ancestrales de pueblos del suroccidente colombiano.
Este proyecto se dirigió a artistas y comunidades afectadas por la violencia y el daño ambiental, quienes participaron en las discusiones y agenda programadas. Por medio de estas iniciativas, el Ministerio de las Culturas no solo contribuyó al diálogo en torno a los derechos de la naturaleza sino a la creación de propuestas culturales para construir un futuro más justo y equilibrado entre los seres humanos y su entorno.
Protagonista, el río
Desde las cosmogonías ancestrales indígenas, el río es un ser del mundo del medio que puede mutar en diferentes formas y que conecta el mundo de arriba de los dioses y el mundo de abajo de los espíritus, cohabitando con los humanos y no humanos, y permitiéndoles su existencia en ese mundo medio (Pueblo Kokonuko).
Para los pueblos negros, el río es la madre agua que contiene y permite crecer a la familia que, a la vez, lleva los cuerpos de los asesinados y es la principal ausencia en el desplazamiento de los pueblos afrocolombianos (Mayora Elena).
Y para los pueblos campesinos de Montebello, ese mismo río dejó de ser el amigo que abraza y divierte y se convirtió en la principal víctima de la minería de carbón (tejiendo Rural).
De esta manera, el Colaboratorio se centró en la búsqueda de formas de sanar las relaciones rotas entre la humanidad y la naturaleza, abordando temas como las violencias estructurales hacia los ecosistemas y la necesidad de redibujar las interacciones con el ambiente de manera más sostenible. A través de diversas iniciativas artísticas y colaborativas, se promovió el cambio en los imaginarios colectivos, con énfasis en el respeto por los territorios y la vida en su totalidad.
Gracias a estas acciones, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes reafirmó su compromiso con la promoción de la cultura como herramienta para el cuidado del ambiente y la promoción de la paz a través del arte, dado que permite sensibilizar a miles de personas sobre la necesidad urgente de un cambio de modelo hacia una convivencia más armoniosa con la naturaleza.




